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Artículos de Opinión

Los artículos de opinión recogidos en esta sección reflejan nuestro compromiso con los principios y valores fundamentales que nos definen como partido, siempre desde una visión basada en la libertad, la responsabilidad y la buena gestión. Publicados en los medios digitales de Sant Cugat (Tot Sant Cugat y Cugat Media), abordan principalmente cuestiones de actualidad local, sin dejar de lado otros temas de interés general que, por su relevancia, merecen nuestra atención y análisis. Estos escritos están firmados por miembros del Partido Popular de Sant Cugat y de Nuevas Generaciones, quienes aportan su visión y dedicación a la ciudad
cristianofobia

La izquierda y su tolerancia selectiva

La izquierda se presenta a sí misma como la gran defensora de la tolerancia, el respeto y la diversidad. Estos valores ocupan un lugar central en su discurso político y cultural.

Sin embargo, basta observar con atención el debate público para comprobar que esa tolerancia no se aplica de manera equitativa. Hay una fe que queda sistemáticamente excluida: el cristianismo.

No son pocas las burlas, caricaturas y ataques dirigidos a símbolos cristianos que resultarían impensables si tuvieran como objetivo cualquier otra religión. Sin ir más lejos, en Sant Cugat se han producido comportamientos claramente irrespetuosos, como el ya conocido gesto del vocal de la CUP en la Iglesia de la Asunción de Valldoreix. ¿Alguien cree que habría actuado del mismo modo en una mezquita? La respuesta es evidente.

Celebraciones ridiculizadas, tradiciones desacreditadas y una constante asociación entre la fe cristiana y el atraso cultural forman parte de una narrativa cada vez más normalizada. Todo ello ocurre con escaso reproche social, como si el desprecio hacia esta confesión fuese una excepción aceptable dentro del marco de la corrección política.

La paradoja es clara. La misma izquierda que denuncia con contundencia cualquier expresión considerada ofensiva hacia otras religiones guarda silencio (o incluso aplaude) cuando el objeto de la burla es el cristianismo. La justificación habitual es que se trata de una religión mayoritaria, históricamente vinculada al poder, y que por ello no merece la misma protección. Pero el respeto no debería depender ni de la historia ni del número de creyentes, sino de un principio básico de convivencia.

La laicidad del Estado, tantas veces invocada para justificar esta actitud, no implica hostilidad hacia lo religioso. Ser un Estado laico significa garantizar la neutralidad institucional y la libertad de conciencia, no promover una cultura de desprecio hacia una fe concreta. Confundir laicidad con anticristianismo no es neutralidad, es ideología. Y, aunque algunos pretendan negarlo, España ha sido históricamente cristiana y esta sigue siendo la religión mayoritaria.

Resulta especialmente preocupante que esta tolerancia selectiva se filtre en ámbitos como la educación, la cultura o las propias instituciones públicas. Desde estos espacios se transmite la idea de que ciertas creencias merecen respeto y otras pueden ser cuestionadas sin límites. Incluso desde el Gobierno se evita felicitar la Navidad en favor de un genérico “Felices Fiestas”, como si mencionar una tradición cristiana fuese motivo de incomodidad. Eso sí, Pedro Sánchez no tiene problemas para felicitar el “Eid el Fitr” de los musulmanes. Así es como se establece una jerarquía moral entre las religiones.

No se trata de reclamar privilegios ni de blindar al cristianismo frente a la crítica. La crítica es legítima en una sociedad libre. Lo que no es legítimo es negar el respeto básico que sí se exige para otras confesiones. O la tolerancia es universal, o deja de ser tolerancia.

Una sociedad verdaderamente plural no decide qué creencias son respetables y cuáles pueden ser ridiculizadas. Cuando la izquierda aplica el respeto de forma selectiva, no está defendiendo la diversidad, sino vaciando de contenido sus propios principios